[Paris, Texas]
DRAMA/SOLEDAD. La que puede ser obra cumbre de Wim Wenders no es un producto de
digestión fácil. Precisamente por eso se puede paladear con regodeo y
satisfacción prolongada. No es película para gente con prisas. Sus
planos, su luz imperial, sus colores y su música necesitan tiempo para
exhibirse e impactar. París, Texas es un regalo para los sentidos. Es
un deleite esa luz cegadora en las inmensidades de los campos abiertos
de Norteamérica. Como también lo es en los espacios cerrados donde la
oscuridad se baña en verdes y rojos de neón. La música de Ry Cooder es
un clásico de guitarras que aúllan su soledad. Todo dedicado al
subrayado de esa distancia insalvable que proyecta la película en cada
plano desértico, en cada mirada y en cada silencio. Distancias físicas y
mentales, producto de eso tan difícil como cotidiano que se llama
relacionarse.
★★★★☆


No hay comentarios:
Publicar un comentario